Todos sabemos algo de la entuertosa historia y trayectoria de Cleopatra, de su vida, su reinado, sus trucos de belleza, excentricidades y sus amantes.
No hablaremos de su vida personal en esta oportunidad, ni de sus múltiples ritos de belleza con leche de burra y agua de rosas, sino de sus aventuras a bordo de un crucero, más rudimentario por cierto si lo comparamos a uno de nuestra época, a través del majestuoso río Nilo, en Egipto.
Un crucero por el Nilo puede comenzar por el mítico Cairo, localidad habitada desde hace miles de años, que se ha mantenido como capital desde antiguas épocas egipcias. Podremos saber el comienzo del tour marino, pero nunca el final, porque simplemente, no dan ganas de terminarlo.
El Cairo es una ciudad ubicada entre medio del desierto y del Nilo hacia el norte, extendiéndose por ambas riveras del río, incluso integrando varias islas, como la isla de Al-Gazirah.
En la isla de Al-Gazirah se ubica el lujoso barrio de Zamalek, el Teatro de la Ópera y lujosos hoteles. El modo de conexión de la isla con las orillas del río Nilo son tres puentes.
Navegar por el Nilo los lleva a conocer desde lejos y al desembarcar también desde cerca, la mezquita de Oman Makran, el edificio de la Liga Árabe, el terminal de autobuses y el aeropuerto, además de los barrios antiguos que se extienden hasta la periferia de la ciudad, otorgando contrastes difíciles de demarcar con una sola línea, ya que los límites entre lo viejo y lo moderno son sutiles, aunque a veces no lo es tanto y la diferencia es bastante notable.
Qué tiene que ver todo esto con Cleopatra, se preguntarán ustedes. La respuesta es, que todo el recorrido descrito anteriormente, debe haber sido conocido por ella, seguramente en sus tiempos existió otros edificios monumentales que reflejaban sus antorchas en el río por las noches, o quizás la obscuridad era absoluta.
Foto: sobol-viajes

